Simbolismo de la Masonería

Los conceptos fundamentales de la Masonería se expresan mediante símbolos. Así, por ejemplo, los conceptos de "ley moral", "fraternidad", "rectitud" encuentran su correspondencia en los símbolos de "libro", "compás" y "escuadra". A los símbolos de "libro", "compás" y "escuadra" corresponden, simbólicamente las tres grandes "luces" del Templo: "la luz por encima de nosotros", "la luz en tomo a nosotros", y "la luz dentro de nosotros". A estas tres grandes luces corresponden otros símbolos, y así sucesivamente. Por consiguiente, el Templo ideal de la Masonería es un sistema coherente de símbolos: cada símbolo está vinculado estrechamente con todos los demás y todos en conjunto confieren un profundo sentido a la actividad iniciática. 

Pero, ¿qué funciones desempeñan los símbolos? El hombre siempre ha recurrido a los símbolos cuando ha intentado expresar su propia visión del mundo y de la vida, bien en una perspectiva mágica, bien en una perspectiva racional. Basta pensar en el profundo significado de la "cruz" en los orígenes y en el desarrollo del Cristianismo, o bien en el símbolo de la "vida" en los antiguos egipcios. Ahora bien, el hombre también ha expresado mediante símbolos las formas más abstractas de su intelecto. En general, podemos distinguir dos grandes categorías de símbolos: símbolos que denotan abstracciones conceptuales, y símbolos que desempeñan principalmente una función alegórica.

El simbolismo, precisamente, representa la base o fundamento común a todas las Masonerías del mundo. Habiendo aprendido los símbolos y las alegorías que los mismos representan, el masón está en condiciones de comprender los principios supremos de la Masonería universal, independientemente de las diferencias lingüísticas y de la manera más sencilla posible.

Cuando el masón entra en un Templo erigido en cualquier lugar del mundo, puede participar en las tareas iniciáticas desarrolladas en cualquier idioma por parte de hombres pertenecientes a culturas diversas.

 

A través de sus símbolos, la Masonería logra expresarse, por encima de todas las contingencias históricas, en un lenguaje único y universal, que tiene igualmente la característica de la inmutabilidad. En efecto, una vez formulado el pensamiento de base en forma de símbolos, dicho pensamiento se transmite sin modificaciones o alteraciones sustanciales. De esta forma se mantiene la continuidad de la tradición.

El masón de hoy, por consiguiente, lleva a cabo su tarea iniciática de la misma forma que lo hacía el masón de hace doscientos cincuenta años.

Las únicas diferencias que existen se deben a las cambiantes condiciones históricas: desde este punto de vista, los problemas que se plantean al masón de hoy son diferentes de aquellos que tuvo que resolver el masón de ayer. En efecto, si bien es cierto que la antropología masónica es inmutable, sus manifestaciones contingentes siguen el devenir de la historia.

 

Entre los masones medievales no sólo se seguían costumbres tradicionales, sino que además se daba una enseñanza secreta de la arquitectura a base de símbolos y de una ciencia mística de los números que aplicaban a los trabajos de construcción. Los símbolos servían de regla aplicándolos al arte, y se tenía por distinguidos a quienes los comprendían y utilizaban convenientemente. Al mismo tiempo el espíritu de esta enseñanza secreta ejerció una influencia favorable en las logias, porque no se admitía en ellas a los aprendices mientras no demostraran conocimientos y aptitud para entender este lenguaje simbólico, contenido en las maravillosa.

El primer gran grupo o Cuerpo lo constituye la Masonería Simbólica, compuesta por los tres primeros grados del Rito, es decir APRENDICES, COMPAÑEROS y MAESTROS MASONES. Este Cuerpo es dirigido por una Gran Logia con independencia, la cual se constituye con las atribuciones que las logias le conceden en la Constitución de la respectiva Potencia Masónica. “Es la encargada de enrolar en la Orden a quienes así lo manifiesten y cumplan con los requisitos exigidos por los respectivos Estatutos Generales. Instruye a sus miembros sobre la infancia de los hombres y de la humanidad; sobre los jóvenes y adultos que constituyen familias y hogares para criar y educar a sus hijos y sobre el hombre realizado que envejece y se acerca al final de la vida. Toda Logia Simbólica debe constituirse en una escuela donde se imparta educación especial y complementaria a hombres de buena voluntad”.

En el Primer Grado, - Aprendiz – se aprende a cultivar la fraternidad y a practicar la moral así como a interpretar los Símbolos y las Alegorías masónicas. Se conocen las leyes y costumbres de la Masonería y se estimula la filantropía, el estudio, la CONSTANCIA Y LA PRUDENCIA.

En el Aprendiz, se siembra la duda filosófica, como instrumento de estudio; el Aprendiz debe dominar los conceptos del bien, del mal, de la virtud, del vicio y de la libertad. Conocer y palpar la esclavitud en que vive el hombre desde su nacimiento y debe despertar el sentimiento de la autoestima para luchar por la liberación de los prejuicios.

El Compañero estudia las ciencias naturales e investiga el origen y las causas de todas las cosas. Interpreta los Símbolos y entiende los grandes servicios que puede prestar la Francmasonería al género humano, contribuyendo de manera eficaz a su bienestar por medio del trabajo, de la ciencia y de la virtud.

 

Representa la segunda edad del hombre y resume el estudio de sus deberes para con Dios, para consigo mismo y para con sus semejantes. Conoce sus facultades creadoras vitales y culturales y la manera de utilizarlas, desarrollarlas y perfeccionarlas física e intelectualmente. En este grado se deben cultivar los cinco grandes amores: el Paternal, el Filial, el Familiar, el Fraternal y el Social.

El Tercer Grado, el de Maestro Masón, es la culminación de la parte Simbólica de la Francmasonería. En este grado se desarrolla el cuadro de las miserias humanas, se estudia la causa que las produce y los medios para remediarlas.

El Maestro Masón, debe comprender que tiene que ser absolutamente bueno, valeroso y magnánimo.

La meta del Rito Escoces tiene como propósito lograr la evolución del masón y en cada uno de los grados que lo integran se analizan los diversos aspectos del acontecer humano.

 

En el Rito Escoces desaparecen los tabúes y se despeja el entendimiento humano al aflorar nuevas luces esclarecedoras de temas que muchas veces llegamos a considerar intocables. Por esa razón no estamos de acuerdo con quienes se dejan dominar por la apatía y al llegar a Sublime Grado de Maestro Masón, consideran que ya nada tienen que buscar dentro de esta importante Escuela Iniciática, con lo cual no hacen otra cosa que estancarse y perder la interesante oportunidad de descorrer los velos que aún quedan entre él y su Verdadero Ser Infinito.